lunes, 23 de julio de 2012

ANÁLISIS: NIÑOS CON PATALETA, ADOLESCENTES DESAFIANTES
CAPITULO V: La rebeldía como conducta reactiva frente a factores ambientales
CAPITULO VI: Conducta rebelde como expresión de psicopatología

A. Palabras Claves: 
  •  Ambiente coercitivo: Entorno propio o relacionado con la provocación de miedo o ansiedad, etc.; para dominar o controlar a uno o varios individuos.
  • Anomalias estructurales: Cambio en la estructura o en los componentes de un cromosoma. 
  • Bipolaridad: Describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía.
  • Conducta reactiva: Fenómeno por el cual los individuos alteran su comportamiento o conducta cuando sospechan que están siendo observados.
  • Disfuncionalidad familiar: Tipo de familia conflictiva o en la que se suceden conflictos, que la hacen no funcional, en la sociedad en la cual se encuentra. 
  • Dominio: Es el poder directo e inmediato sobre un objeto o bien, por la que se atribuye a su titular la capacidad de disponer del mismo. 
  • Educación emocional: Es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.
  • Factores ambientales: El factor ambiental se refiere a los factores externos al individuo y capaces de influir en la experiencia.
  • Psicopatológico: Área de la salud que describe y sistematiza  trastornos psicológicos, o trastornos mentales
  • SDA: Síndrome de Déficit Atencional. 
B. Ideas principales:

Cuando el adulto ejerce su poder de dominio y elige, decide, opina, gana o lleva a cabo cambios por el niño, no sólo anula la voluntad de autodeterminación del pequeño, sino que lo descalifica y lo humilla. En el corazón infantil surge un tormentoso caudal de emociones negativas que se expresa en conductas que configuran la denominada rebeldía reactiva.
La mayoría de los trastornos de conducta reactivos no es oportunamente identificada, de modo que al cabo de un tiempo se hacen parte de la personalidad del niño. Se organizan en un continuo que va desde la conducta negativista a la conducta  negativista desafiante y, desde ella, hasta la conducta disocial, cuando intervienen factores extremos adversos.

A las dificultades de autorregulación del temperamento, las rápidas reacciones disfóricas y la fácil reacción impulsiva y agresiva, suelen agregarse los errores de abordaje parental, que usualmente se han mantenido por mucho tiempo y se han convertido en un estilo de educación emocional generador de gran ansiedad, rebeldía y predominio de emociones negativas.

   La conducta rebelde, expresada como negativismo, pataletas, mal talante y confrontación con el adulto, es la expresión visible de un quiebre pasajero del equilibrio emocional de un niño o un adolescente. Este desequilibrio emocional suele ser provocado por la irrupción de emociones negativas —miedo. rabia— que invaden al niño y se exteriorizan, es decir, se transforman en conductas, cuando no son adecuadamente neutralizadas mediante la reflexión, el autocontrol, el confortamiento afectivo, etc.
  
En ocasiones la rabia, el miedo, el rencor, el odio, la frustración o el desprecio no son provocados por factores del ambiente, sino que surgen como consecuencia de anomalías de las estructuras y las funciones que subyacen a la vida emocional infantil o juvenil. Estas anomalías afectan módulos cerebrales específicos y pueden tener su origen en problemas prenatales, perinatales o en la vida temprana de un niño.

 C. El objeto de estudio principal son las conductas reactivas ya que estas son la manera de denominar todos aquellos trastornos de comportamiento que se presentan a lo largo de la niñez y la adolescencia y que se ven expresados en pataletas y conductas desafiantes. 

D. El objeto de estudio secundario  son los factores de riesgo que pueden desencadenar la dicha rebeldía reactiva en niños y adolescentes. Tales como la Disfuncionalidad familiar, la ausencia de comunicación afectiva, la crianza coercitiva,ect. 

E. Problematización
¿Cómo los factores de riesgo pueden desencadenar las conductas rebeldes en niños y adolescentes? 

F. Resumen:
En el capitulo V "La rebeldía como conducta reactiva frente a factores ambientales" se habla de los errores del adulto al abordar la rebeldía propia de la edad del desarrollo provocan reacciones emocionales en los niños o adolescentes, reacciones que son generadas y mantenidas por la rabia, la humillación, el encono, el resentimiento o la impotencia. En el corazón infantil surge un tormentoso caudal de emociones negativas que se expresa en conductas que configuran la denominada rebeldía reactiva. Con el tiempo, la rebeldía reactiva comienza a hacerse extensiva a todos los adultos que representen una autoridad para el niño.

El límite entre una conducta rebelde como fenómeno normal del desarrollo y una conducta rebelde reactiva a factores del ambiente es extraordinariamente difuso. Una rebeldía reactiva exige una inmediata aproximación clínica, por cuanto es necesario identificar los factores de riesgo que facilitan la rebeldía para actuar sobre ellos y aliviar al niño. Esta aproximación clínica debe ser sistémica: se deben corregir los factores ambientales que precipitan esta reacción y aplacar el sufrimiento del niño o adolescente, por cuanto la conducta rebelde  tiene como sustrato neurobiológico un desequilibrio de la regulación del temperamento, un predominio de la emocionalidad negativa y un quiebre de la armonía emocional.

Una vez identificada su conducta rebelde corno reactiva pasa a ser un paciente aquejado de un problema de salud mental: un trastorno de conducta reactivo que puede ser oposicionista u oposicionista desafiante. Esta mirada integral, que ve en los trastornos de conducta de niños y adolescentes causas ambientales que precipitan y perpetúan la conducta rebelde reactiva, permite diseñar estrategias de abordaje también integrales, que van más allá del eventual empleo de psicofármacos, de medidas correctivas extremas (internados y casas correccionales) o la aplicación de sanciones legales, como la prisión.

La mayoría de los trastornos de conducta reactivos no es oportunamente identificada, de modo que al cabo de un tiempo se hacen parte de la personalidad del niño. Se organizan en un continuo que va desde la conducta negativista a la conducta  negativista desafiante y, desde ella, hasta la conducta disocial, cuando intervienen factores extremos adversos.

Los trastornos de conducta no obedecen sólo a factores ambientales generadores de frustración y estrés crónicos. Es necesario identificar la participación de factores biológicos, psicológicos y sociales, los cuales pueden precipitar, favorecer o empeorar un trastorno de conducta reactivo. Cada uno de estos factores tiene un peso distinto según la edad del niño.El factor biológico que más frecuentemente favorece la aparición de un trastorno de conducta reactivo en los niños pequeños es el temperamental. Los niños demandantes o de temperamento difícil, que se caracterizan por poseer una débil autorregulación emocional, tienden a exteriorizar la ansiedad y la disforia en ciertas conductas: los pequeños desarrollan pataletas y los adolescentes, una confrontación agresiva con los adultos.

La educación emocional de los niños es ejercida por adultos que poseen un variado repertorio de recursos aprendidos generalmente por un modelo y aplicados con la mejor intención, pero que pueden ser totalmente erróneos. No es preciso ser emocionalmente inmaduro para incubar silenciosamente un trastorno de conducta reactivo. Basta la presencia de un ambiente coercitivo, rígido, intransigente, arbitrario y centrado en el poder de dominio para que lentamente un niño sustituya la alegría y la paz por dolorosas emociones negativas que, al reeditarse una y otra vez, configuran sentimientos negativos cada vez más arraigados: impotencia, encono, resentimiento. Incluso odio.
A las dificultades de autorregulación del temperamento, las rápidas reacciones disfóricas y la fácil reacción impulsiva y agresiva, suelen agregarse los errores de abordaje parental, que usualmente se han mantenido por mucho tiempo y se han convertido en un estilo de educación emocional generador de gran ansiedad, rebeldía y predominio de emociones negativas. Una vez identificado el conjunto de factores que provoca ansiedad en los niños, es necesario modificar el escenario antes de que sea demasiado tarde.

Es posible identificar un factor nuclear sobre la base del cual se pueden articular las acciones preventivas, educativas e incluso terapéuticas frente a los trastornos de conducta reactivos. Este factor es la comunicación afectiva: la capacidad de escuchar con el corazón, desprendiéndose de toda idea preconcebida, de todo temor, de todo prejuicio, de toda presuposición, de toda interpretación. Lamentablemente, es la estrategia menos usada por quienes tienen la misión de educar emocionalmente a niños y adolescentes. Los adultos miran con escepticismo y temor las consecuencias que podría tener reemplazar los métodos correctivos y "disciplinadores" por uno que parece fomentar la pérdida de la autoridad. Nada más lejos de la realidad: las estrategias de comunicación afectiva son el recurso más infalible para ganar autoridad ante niños y adolescentes.

En el capítulo VI Conducta rebelde como expresión de psicopatología la conducta rebelde, expresada como negativismo, pataletas, mal talante y confrontación con el adulto, es la expresión visible de un quiebre pasajero del equilibrio emocional de un niño o un adolescente. Este desequilibrio emocional suele ser provocado por la irrupción de emociones negativas que invaden al niño y se exteriorizan, es decir, se transforman en conductas, cuando no son adecuadamente neutralizadas mediante la reflexión, el autocontrol, el confortamiento afectivo, etc. Pero en ocasiones la rabia, el miedo, el rencor, el odio, la frustración o el desprecio no son provocados por factores del ambiente, sino que surgen como consecuencia de anomalías de las estructuras y las funciones que subyacen a la vida emocional infantil o juvenil.    


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