ANÁLISIS: NIÑOS CON
PATALETA, ADOLESCENTES DESAFIANTES
CAPITULO V: La rebeldía
como conducta reactiva frente a factores ambientales
CAPITULO VI: Conducta
rebelde como expresión de psicopatología
A. Palabras Claves:
- Ambiente
coercitivo: Entorno propio o relacionado con la provocación de
miedo o ansiedad, etc.; para dominar o controlar a uno o varios
individuos.
- Anomalias
estructurales: Cambio en la estructura o en los componentes de un
cromosoma.
- Bipolaridad: Describe un trastorno
del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más
episodios con niveles anormalmente elevados de energía.
- Conducta
reactiva: Fenómeno por el cual los individuos alteran su
comportamiento o conducta cuando sospechan que están siendo
observados.
- Disfuncionalidad
familiar: Tipo de familia conflictiva o en la que se suceden
conflictos, que la hacen no funcional, en la sociedad en la cual se
encuentra.
- Dominio: Es
el poder directo e inmediato sobre un objeto o bien, por la que se
atribuye a su titular la capacidad de disponer del mismo.
- Educación emocional: Es la
capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad
para manejarlos.
- Factores
ambientales: El factor ambiental se refiere a los factores externos
al individuo y capaces de influir en la experiencia.
- Psicopatológico: Área de la salud que describe y sistematiza trastornos psicológicos, o trastornos mentales
- SDA: Síndrome de Déficit Atencional.
B. Ideas principales:
Cuando el adulto ejerce su poder de
dominio y elige, decide, opina, gana o lleva a cabo cambios por el niño, no
sólo anula la voluntad de autodeterminación del pequeño, sino que lo
descalifica y lo humilla. En el corazón infantil surge un tormentoso caudal de
emociones negativas que se expresa en conductas que configuran la denominada
rebeldía reactiva.
La mayoría de los
trastornos de conducta reactivos no es oportunamente identificada, de modo que
al cabo de un tiempo se hacen parte de la personalidad del niño. Se organizan
en un continuo que va desde la conducta negativista a la conducta
negativista desafiante y, desde ella, hasta la conducta disocial, cuando intervienen
factores extremos adversos.
A las dificultades de
autorregulación del temperamento, las rápidas reacciones disfóricas y la fácil
reacción impulsiva y agresiva, suelen agregarse los errores de abordaje
parental, que usualmente se han mantenido por mucho tiempo y se han convertido
en un estilo de educación emocional generador de gran ansiedad, rebeldía y
predominio de emociones negativas.
La
conducta rebelde, expresada como negativismo, pataletas, mal talante y
confrontación con el adulto, es la expresión visible de un quiebre pasajero del
equilibrio emocional de un niño o un adolescente. Este desequilibrio emocional
suele ser provocado por la irrupción de emociones negativas —miedo. rabia— que
invaden al niño y se exteriorizan, es decir, se transforman en conductas,
cuando no son adecuadamente neutralizadas mediante la reflexión, el
autocontrol, el confortamiento afectivo, etc.
En ocasiones la rabia, el
miedo, el rencor, el odio, la frustración o el desprecio no son provocados por
factores del ambiente, sino que surgen como consecuencia de anomalías de las
estructuras y las funciones que subyacen a la vida emocional infantil o juvenil.
Estas anomalías afectan módulos cerebrales específicos y pueden tener su origen
en problemas prenatales, perinatales o en la vida temprana de un niño.
C. El objeto de estudio
principal son las conductas reactivas ya que estas son la manera de denominar
todos aquellos trastornos de comportamiento que se presentan a lo largo de la
niñez y la adolescencia y que se ven expresados en pataletas y conductas
desafiantes.
D. El objeto de estudio
secundario son los factores de riesgo que pueden desencadenar la
dicha rebeldía reactiva en niños y adolescentes. Tales como
la Disfuncionalidad familiar, la ausencia
de comunicación afectiva, la crianza coercitiva,ect.
E. Problematización
¿Cómo los factores de riesgo
pueden desencadenar las conductas rebeldes en niños y
adolescentes?
F. Resumen:
En el capitulo V "La
rebeldía como conducta reactiva frente a factores ambientales" se habla de
los errores del adulto al abordar la rebeldía propia de la edad del desarrollo
provocan reacciones emocionales en los niños o adolescentes, reacciones que son
generadas y mantenidas por la rabia, la humillación, el encono, el
resentimiento o la impotencia. En el corazón infantil surge un tormentoso
caudal de emociones negativas que se expresa en conductas que configuran la
denominada rebeldía reactiva. Con el tiempo, la rebeldía reactiva comienza a
hacerse extensiva a todos los adultos que representen una autoridad para el
niño.
El límite entre una conducta rebelde como
fenómeno normal del desarrollo y una conducta rebelde reactiva a factores del
ambiente es extraordinariamente difuso. Una rebeldía reactiva exige una
inmediata aproximación clínica, por cuanto es necesario identificar los factores
de riesgo que facilitan la rebeldía para actuar sobre ellos y aliviar al niño.
Esta aproximación clínica debe ser sistémica: se deben corregir los factores
ambientales que precipitan esta reacción y aplacar el sufrimiento del niño o
adolescente, por cuanto la conducta rebelde tiene como sustrato
neurobiológico un desequilibrio de la regulación del temperamento, un
predominio de la emocionalidad negativa y un quiebre de la armonía emocional.
Una vez identificada su conducta rebelde
corno reactiva pasa a ser un paciente aquejado de un problema de salud mental:
un trastorno de conducta reactivo que puede ser oposicionista u oposicionista
desafiante. Esta mirada integral, que ve en los trastornos de conducta de niños
y adolescentes causas ambientales que precipitan y perpetúan la conducta
rebelde reactiva, permite diseñar estrategias de abordaje también integrales,
que van más allá del eventual empleo de psicofármacos, de medidas correctivas
extremas (internados y casas correccionales) o la aplicación de sanciones
legales, como la prisión.
La mayoría de los trastornos de conducta
reactivos no es oportunamente identificada, de modo que al cabo de un tiempo se
hacen parte de la personalidad del niño. Se organizan en un continuo que va
desde la conducta negativista a la conducta negativista desafiante y,
desde ella, hasta la conducta disocial, cuando intervienen factores extremos
adversos.
Los trastornos de conducta no obedecen
sólo a factores ambientales generadores de frustración y estrés crónicos. Es
necesario identificar la participación de factores biológicos, psicológicos y
sociales, los cuales pueden precipitar, favorecer o empeorar un trastorno de
conducta reactivo. Cada uno de estos factores tiene un peso distinto según la
edad del niño.El factor biológico que más frecuentemente favorece la aparición
de un trastorno de conducta reactivo en los niños pequeños es el temperamental.
Los niños demandantes o de temperamento difícil, que se caracterizan por poseer
una débil autorregulación emocional, tienden a exteriorizar la ansiedad y la
disforia en ciertas conductas: los pequeños desarrollan pataletas y los
adolescentes, una confrontación agresiva con los adultos.
La educación emocional de los niños es ejercida por adultos que poseen un
variado repertorio de recursos aprendidos generalmente por un modelo y
aplicados con la mejor intención, pero que pueden ser totalmente erróneos. No
es preciso ser emocionalmente inmaduro para incubar silenciosamente un
trastorno de conducta reactivo. Basta la presencia de un ambiente coercitivo,
rígido, intransigente, arbitrario y centrado en el poder de dominio para que
lentamente un niño sustituya la alegría y la paz por dolorosas emociones
negativas que, al reeditarse una y otra vez, configuran sentimientos negativos cada
vez más arraigados: impotencia, encono, resentimiento. Incluso odio.
A las dificultades de autorregulación del temperamento, las rápidas
reacciones disfóricas y la fácil reacción impulsiva y agresiva, suelen
agregarse los errores de abordaje parental, que usualmente se han mantenido por
mucho tiempo y se han convertido en un estilo de educación emocional generador
de gran ansiedad, rebeldía y predominio de emociones negativas. Una vez
identificado el conjunto de factores que provoca ansiedad en los niños, es
necesario modificar el escenario antes de que sea demasiado tarde.
Es posible identificar un factor nuclear sobre la base del cual se pueden
articular las acciones preventivas, educativas e incluso terapéuticas frente a
los trastornos de conducta reactivos. Este factor es la comunicación afectiva:
la capacidad de escuchar con el corazón, desprendiéndose de toda idea
preconcebida, de todo temor, de todo prejuicio, de toda presuposición, de toda
interpretación. Lamentablemente, es la estrategia menos usada por quienes
tienen la misión de educar emocionalmente a niños y adolescentes. Los adultos
miran con escepticismo y temor las consecuencias que podría tener reemplazar
los métodos correctivos y "disciplinadores" por uno que parece
fomentar la pérdida de la autoridad. Nada más lejos de la realidad: las
estrategias de comunicación afectiva son el recurso más infalible para ganar
autoridad ante niños y adolescentes.
En el capítulo VI Conducta rebelde como
expresión de psicopatología la conducta rebelde, expresada como
negativismo, pataletas, mal talante y confrontación con el adulto, es la
expresión visible de un quiebre pasajero del equilibrio emocional de un niño o
un adolescente. Este desequilibrio emocional suele ser provocado por la
irrupción de emociones negativas que invaden al niño y se exteriorizan, es
decir, se transforman en conductas, cuando no son adecuadamente neutralizadas
mediante la reflexión, el autocontrol, el confortamiento afectivo, etc. Pero en ocasiones la rabia, el miedo, el rencor, el odio, la frustración o
el desprecio no son provocados por factores del ambiente, sino que surgen como
consecuencia de anomalías de las estructuras y las funciones que subyacen a la
vida emocional infantil o juvenil.
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