martes, 22 de mayo de 2012


LECTURA INTERPRETATIVA

TITULO: Niños con pataleta, adolescentes desafiantes.
AUTOR: Amanda Céspedes Calderón 
BIBLIOGRAFIA 
CÉSPEDES, Amanda. Niños con pataleta, adolescentes desafiantes,  Santiago de Chile. Editorial: Vergara, 2005,  154 P. 

ESTUDIO DEL AUTOR

BIOGRAFÍA

Amanda Céspedes Calderón estudió medicina en la Universidad de Chile, donde se especializó en psiquiatría infantil y juvenil. Realizó un posgrado en neuropsicología y neuropsiquiatría infantil en la Universitá degli Studi de Turín, Italia. Actualmente es profesora adjunta asociada de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, asesora del Consejo Consultivo Fundación Mírame y directora del Instituto de Neurociencias Aplicadas a la Educación y Salud Mental del Escolar.


ANÁLISIS: NIÑOS CON PATALETA, ADOLESCENTES DESAFIANTES
CAPITULO I: Biología del mundo emocional infantil.
CAPITULO II: Psicología de la vida emocional infantil: personalidad y conducta.

A. Palabras claves:
  • Agresividad: Conjunto de patrones de actividad que pueden manifestarse con intensidad variable, incluyendo desde la pelea ficticia hasta los gestos o expansiones verbales que aparecen en el curso de cualquier negociación. 
  • Autorregulación: Capacidad de una entidad para regularse a si misma, en base al control y monitoreo voluntario.
  • Atribucionalidad: Capacidad de asumir las consecuencias propias de las acciones
  • Conducta:  La conducta está relacionada a la modalidad que tiene una persona para comportarse en diversos ámbitos de su vida.
  • Carácter: Conjunto de cualidades psíquicas y afectivas que condicionan la conducta de cada individuo o de un pueblo.
  • Dimensión Afectiva Se destaca por ese sentimiento de afecto el cual es la fuerza creadora que mueve al mundo , que permite hacer grandes cosas.
  • Emociones:  Reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos ambientales o de uno mismo.
  • Funciones biológicas:  Conjunto de eventos que se producen en un ser vivo.
  • Impulsos: Estímulos internos a la acción o incentivos que son estímulos externos a la acción
  • Ser social: Aquel que nace dentro de una sociedad, se dice que se es social por el continuo interactuar con las personas que nos rodean a nivel escolar, laborar y familiar.
B.  Ideas principales:

Las emociones son estados internos pasajeros que poseen una valencia positiva o negativa. Surgen de emociones primarias instaladas en el cerebro humano desde el nacimiento: la alegría, la quietud, la rabia y el miedo.

El niño desarrolla lenta y gradualmente estrategias efectivas para darles un cauce adecuado a las emociones que lo desbordan. Cuando las condiciones internas y ambientales son ideales, las estructuras cerebrales van madurando y permitiendo una autorregulación relativamente eficiente, automática, espontánea e inmediata. Al encontrar ese cauce, la rabia y, en ocasiones, el miedo emerge en forma de una pataleta o de un comportamiento oposicionista.

El niño deja atrás la libertad primaria, propia del preescolar, que le permitía dar rienda suelta a sus impulsos, y adquiere una segunda libertad, de tipo social, en la cual se rige por convenciones y acuerdos que acepta como propios. 

En los primeros veinte años de la vida, el ser humano aún no es autónomo y depende del conjunto de normas y límites que le imponen los padres, la escuela y la sociedad como requisito para lograr ser aceptado como ser social.

Desde muy temprano, la vida le impone desafíos al niño. El grado de éxito que tenga en afrontarlos depende de una dimensión de la personalidad humana denominada "carácter". La formación del carácter se sustenta en la presencia de un conjunto de funciones cerebrales destinadas a administrar eficientemente los talentos cognitivos y sociales, pero depende de modo muy íntimo de un mediador, un educador del carácter.

C. Objeto de estudio principal
El objeto de estudio principal es  el mundo emocional infantil, gracias a este podemos entender, abordar sus conductas desafiantes y poder comprender y manejar adecuadamente estos conflictos. 

D. Objeto de estudio secundario: 
El objeto secundario es el carácter, su función es permitir al niño disponer de un conjunto de destrezas que le otorgan solidez, consistencia y objetividad para enfrentar los desafíos que la vida presenta.

E. Problematización:
 ¿De qué manera el carácter del niño incide en su mundo emocional infantil y en sus diferentes problemas conductuales?

F. Resumen Capítulos I y II. 

En el capítulo I de la de la mano de la escritora damos una visión al mundo emocional infantil, para poder entender las conductas desafiantes tanto de niños como adolescentes. La conducta oposicionista que en la gran mayoría de casos se presenta en los niños pequeños como pataletas y en los niños más grandes como confrontaciones con los padres, desobediencia y tendencia a molestar intencionalmente  puede tener su origen en factores biológicos o psicológicos. Entre ellos se encuentran la ansiedad, el miedo, la dificultad para autorregular las emociones, la tendencia a atribuir a otros las consecuencias de las acciones propias y el acto de obedecer sólo por temor al castigo.  El temperamento es quien debe organizar funciones biológicas que a su vez son la respuesta de los anteriores factores mencionados.  Gracias a la ansiedad podemos enfrentar adecuadamente situaciones desafiantes o amenazantes, por lo tanto la ansiedad puede facilitar las conductas impulsivas. Las emociones es otro de los factores  biológicos y psicológicos que hacen parte del mundo emocional del niño. Hasta el primer año y medio de vida, las emociones son como ríos que acaban de nacer y deben buscar su cauce para no desbordarse. Son los adultos quienes deben constituir ese cauce al ofrecer atención a la rabia que se origina.

 Con los casos de Fabián (3 años) y Magdalena (10 meses),  pudimos comprender que es a partir de los ocho o diez meses de edad,  que el niño desarrolla lenta y gradualmente estrategias efectivas para darles un cauce adecuado a las emociones que lo desbordan. A partir de los cinco o seis años de edad el niño se autorregula refugiándose entre los brazos acogedores del adulto. Durante la pubertad se desarrollan áreas cerebrales que favorecen la reflexión y el autoconocimiento. El adolescente  aprende a replegarse mentalmente sobre sí mismo (autocontrol) y analizar de modo flexible a través de su lenguaje interno, la memoria de sus experiencias y las enseñanzas. Cuando no encuentra ese cauce, la rabia y, en ocasiones, el miedo emerge en forma de una pataleta o de un comportamiento oposicionista.

 Las emociones han estado ligadas a la agresividad; esta se activa en forma instantánea, sin mediación de tiempo ni elaboración consciente en situaciones como cuando aparece un extraño en nuestro territorio. Entre el nacimiento y diez meses de edad, el niño no discrimina entre conocidos y desconocidos. Pero el bebé sociable da paso a uno cauteloso que teme a los desconocidos cuando un extraño intenta cogerlo en brazos. A partir de ese momento, y gracias a la maduración de estructuras cerebrales específicas, el niño y más adelante el adulto reaccionará "territorialmente", experimentando intensa agresividad cuando su terreno  sea invadido por un extraño. Serán las reacciones amistosas del otro  las que neutralizarán el torrente agresivo que amenaza convertirse en una conducta de daño. Tal es el caso de José Tomás un claro ejemplo de esta situación.

La agresividad también se origina cuando  percibimos provocación, al expresar burla o intento de sometimiento por la fuerza. Las actitudes burlonas por parte de los adultos despiertan en el niño una intensa agresividad que se moviliza como una energía que se desborda en conductas de daño. Años más tarde, la  la terquedad se reedita en el adolescente que siente los intentos de control de un adulto (padre, profesor) o de un hermano mayor, como se presentó en el caso de Alan y Adolfo el niño menor (Alan) puede reaccionar en forma impulsiva ante las conductas de burla y sometimiento del hermano mayor (Adolfo).  Y finalmente la agresividad se exhibe cuando no decodificamos adecuadamente las señales amistosas de quien es percibido como extraño o antagonista. Hay niños que presentan alteraciones de diverso grado y naturaleza en ciertas regiones cerebrales encargadas de percibir al otro como ser humano, decodificar sus códigos comunicativos. Son comúnmente los niños y adultos con síndrome de Asperger.El resultado es la aparición inmediata de conductas agresivas extremas que se caracterizan por su elevada connotación impulsiva. 

En el capitulo II se habla acerca de que en los primeros veinte años de la vida, el ser humano aún no es autónomo y depende del conjunto de normas y límites que le imponen los padres, la escuela y la sociedad como requisito para lograr ser aceptado como ser social. Esta capacidad es el fundamento psicológico del desarrollo moral y una condición básica para poseer inteligencia emocional. Esta capacidad se sustenta, entre varios otros factores, en la atribucionalidad. La atribucionalidad es la capacidad de asumir las consecuencias propias de las acciones. Mediante el ejemplo de Arturo, observamos que este adolescente de 14 años presenta una atribucionalidad externa, la cual le dificulta su oportuno desarrollo moral. Se caracteriza por tener una pobre capacidad reflexiva, mostrarse impulsivo cuando se les invita a reconocer su responsabilidad en determinadas acciones. Así mismo, se fundamenta en el locus del control proceso por el cual el niño regula socialmente su conducta, adquiriendo una libertad de tipo social. Y por último pero no menos importante se fundamenta en el carácter. Desde muy temprano, la vida le impone desafíos al niño, el grado de éxito que tenga en afrontarlos depende de una dimensión de la personalidad humana denominada "carácter. La formación del carácter se sustenta en la presencia de un conjunto de funciones cerebrales destinadas a administrar eficientemente los talentos cognitivos y sociales, pero depende de modo muy íntimo de un educador del carácter.

ANÁLISIS: NIÑOS CON PATALETA, ADOLESCENTES DESAFIANTES
CAPITULO III  Educación emocional: El papel del ambiente
CAPITULO IV Conducta rebelde propia de la edad de desarrollo


A. Palabras Claves: 
·         Adultos significativos: Son los responsables de apoyar y estimular el desarrollo integral de los niños y niñas,  contribuyendo a fortalecer su afectividad, su socialización y su construcción del saber.
·         Crisis existencial: Es una crisis de valores, un golpe de estado ético y moral al concepto personal que se tiene del del mundo y de la vida.
·         Desarrollo infantil: Sucesión de etapas en las que se dan una serie de cambios físicos y psicológicos, que van a implicar el crecimiento del niño.
·         Educación emocional:  Es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.
·   Libertad: Es la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad, a lo largo de su vida; por lo que es responsable de sus actos.
·         Normas básicas: Son un conjunto de reglas o pautas a las que se ajustan las conductas o normas sociales que sirve para regular y definir el desarrollo de comportamientos comunes.
·  Pataleta: Expresión conductual de intensa rabia,caracterizada por llantos, gritos y comportamientos primitivos. 
·      Poder coercitivo:  es la presión ejercida sobre alguien para forzar su voluntad o su conducta.
·         Rebeldía: Actitud propia de adolescentes de Rechazar normas impuestas por sus padres y perder el control de sus emociones.  
·         Socializar: Implantar normas y limites, educar emocionalmente y acompañar al niño en el cumplimiento de tareas. 

B. Ideas Principales: 
La principal causa de las deficiencias y serios errores en la educación emocional de niños y adolescentes se debe a la incapacidad de los adultos de usar el sentido común, empalizar con los más pequeños y conocer mínimamente la biología y psicología de la niñez. 

Los adultos significativos tienen como misión educar las emociones de los niños para que desarrollen una temprana autorregulación emocional, aprendan a ser reflexivos, incorporen gradualmente un corpus valórico, se hagan cargo de modo responsable de las consecuencias de sus acciones y construyan el carácter.

Las tareas de cumplimiento". Se trata de objetivos que se deben alcanzar a determinada edad para acceder a una siguiente etapa de desarrollo sobre una plataforma suficientemente sólida. Constituyen dimensiones del crecimiento cognitivo, emocional y social de los niños y son relativamente universales.

A medida en que el niño crece, la verticalidad se reduce y es reemplazada gradualmente por una obediencia sustentada en el respeto. Pero en la adolescencia la relación se hace horizontal, de modo que el adulto queda en una situación desmedrada a menos que se valide ante los ojos del adolescente como digno de respeto y confianza.

C.Objeto de estudio principal:
El objeto de estudio principal son las tareas de socializacion, su funcion principal es desarrollar en el niño todas las dimensiones del crecimiento y con esto poder acceder a la siguiente etapa de desarrollo. 

D. Objeto de estudio secundario: 
El objeto de estudio principal es la rebeldía, su papel es expresar la búsqueda constante de identidad tanto en el niño como en el adolescente. 

E. Problematización 
¿Por qué las tareas de socialización mal realizadas por los adultos significativos posibilitan la aparición de problemas de rebeldía en niños y adolescentes? 

 F. Resumen Capítulos III y IV
En el capítulo III se explica el por qué los comportamientos errados de niños y adolescentes pueden ser favorecidos y perpetuados por los adultos. Esto sucede cada vez que los adultos cometen errores en su papel de agentes socializadores del niño. Socializar es implantar normas y límites, educar emocionalmente y acompañar al niño en el cumplimiento de tareas. Es un trabajo complejo, exigente y arduo, que debe llevarse a cabo sistemáticamente por varios años. La principal causa de las deficiencias y serios errores en la educación emocional de niños y adolescentes se debe a la incapacidad o dificultad de los adultos de usar el sentido común, empalizar con los más pequeños y conocer mínimamente la biología y psicología de la niñez.

Ser un adulto significativo en la vida de un niño es una enorme responsabilidad y muchos adultos parecen no haberla dimensionado en forma cabal. Entre las tareas de socialización que deben cumplir los adultos significativos está Implantar normas en forma oportuna y sistemática. El adulto fija la norma y el niño la acepta y la cumple, por lo tanto, hay un contrato de obediencia. Inicialmente se trata de una obediencia impuesta, pero pocos años después, una vez que el niño comprende y acepta los fundamentos de la norma, ésta se transforma en un principio valórico. En los hogares son esenciales normas tales como el respeto. Esta norma fundamental se debe inculcar tempranamente, antes de los cinco años de edad, y tiene que consolidarse a través del ejemplo. A través del ejemplo de Martin un niño de sólo 4 años, entendemos la razón de su mal vocabulario. Los padres no se detuvieron a pensar que aquello que los chicos aprenden corno modelo en la casa, lo hacen suyo y lo muestran como estilos habituales de comportamiento en otros contextos. Así mismo, los hábitos de orden y de buen uso del tiempo constituyen normas básicas. Los adultos deben implementar de límites claros, consistentes y flexibles, los cuales deben ser necesariamente flexibles y acomodarse a variables tales como la edad y el nivel de madurez de los hijos.

Los adultos significativos tienen como misión educar las emociones de los niños para que desarrollen una temprana autorregulación emocional, aprendan a ser reflexivos, incorporen gradualmente un corpus valórico, se hagan cargo de modo responsable de las consecuencias de sus acciones y construyan el carácter. Para ser un buen educador emocional es indispensable poseer un conocimiento intuitivo o científico de las tareas del desarrollo infantojuvenil, denominadas "tareas de cumplimiento". Se trata de objetivos que se deben alcanzar a determinada edad para acceder a una siguiente etapa de desarrollo sobre una plataforma suficientemente sólida. Constituyen dimensiones del crecimiento cognitivo, emocional y social de los niños y son relativamente universales. En cada una de estas tareas es necesaria la presencia de adultos significativos. Lamentablemente, el desconocimiento de estos objetivos o la tendencia de los adultos a aferrarse a prejuicios relativos al desarrollo infantil y a aplicar técnicas intuitivas suele perjudicar el desarrollo infantil al impedir que cada tarea de cumplimiento se complete para dar paso a la próxima. Estos errores facilitan y perpetúan un problema de conducta.

El niño, y luego el adolescente, atraviesa sucesivas crisis del desarrollo, las cuales obedecen a dos causas. La primera radica en las modificaciones cerebrales y la segunda se relaciona con los escenarios histórico, geográfico y biográfico en los cuales cada ser humano vive su guión existencial. Estos escenarios se imbrican íntimamente provocando fenómenos conductuales específicos, entre los cuales las crisis conductuales ocupan un lugar destacado, pero no el único. La conducta rebelde durante el desarrollo es un fenómeno distinto. Es la expresión visible de una pugna subterránea entre el niño y el adulto, que se origina en las distintas concepciones de libertad, autonomía y autodeterminación que abrigan y defienden cada uno, pugna similar a la vivida por las colonias americanas al momento de optar por la libertad y luchar por conquistar su autonomía como nación y su derecho a la autodeterminación política. Bajo esta óptica podemos representar tres grandes momentos de rebeldía como parte del desarrollo: la rebeldía del párvulo o preescolar, la rebeldía puberal y la rebeldía adolescente.

En la rebeldía del párvulo moverse con objetivo exploratorio y de aprendizaje a través de la experiencia es una tarea primordial en estos primeros cinco años de la vida.  En esta primera tarea de cumplimento se oculta el germen de la primigenia rebeldía infantil, la cual, si bien es transitoria, en muchos niños se convierte en el capítulo inicial de una senda de desencuentros con los adultos, desencuentros articulados en torno al gozo de la libertad. La imposición de límites y el adquirir las normas básicas para insertarse en una estructura social son causas evidentes de la aparición de la rebeldía. Al tener estas dos tareas de cumplimento simultáneas, se potencia en el niño la percepción de que el adulto intenta someterlo, lo que se opone a su búsqueda infantil de libertad.

Mientras que la rebeldía del adolescente se manifiesta en sus conquistas del que se ven empañadas por ciertas características neurobiológicas y psicológicas que aportan una cuota de dificultad al proceso. Entre ellas están ciertas modificaciones cerebrales propias del proceso neuromadurativo determinan en el adolescente una tendencia a la disforia. Esta característica se refiere a una mezcla de disgusto, irritabilidad y menor tolerancia a las frustraciones. De igual manera Comienza una prolongada fase de omnipotencia y omnisciencia que irrita a los adultos. Los adolescentes probablemente debido a una impronta filogenética se sienten y poseedores de la verdad sobre las grandes cuestiones existenciales. En la adolescencia la relación se hace horizontal, de modo que el adulto queda en una situación desmedrada a menos que se valide ante los ojos del adolescente como digno de respeto y confianza. Y por último la capacidad reflexiva del adolescente se hace autónoma, es decir, ya no se apoya en las premisas de otros, sino que en sistemas de creencias y cosmovisiones que él mismo construye, como lo pudimos observar con el caso de Cristóbal al escoger lo que quería para su proyecto de vida. 

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